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Experticia Pedagógica

Por Magdalena Müller, profesora y coordinadora Red de prácticas, Facultad de Educación UC.

Cuando hablamos de expertos, típicamente lo relacionamos con gente experimentada que logra resultados destacados en su campo profesional. Uno de los problemas para la definición de experticia en la enseñanza es que normalmente se la considera como una progresión entre estadios que van de novato a experto, donde los factores que influyen son instrucción, entrenamiento y experiencia. Así, los criterios para identificar a los expertos se basan en la reputación social, la formación, el conocimiento acumulado disponible y el tiempo de experiencia. Sin embargo, actualmente, investigadores en el área como K. Anders Ericsson postulan que la experiencia en un área no es garantía de experticia.


Un experto es quien demuestra un desempeño superior en tareas representativas y auténticas de su profesión. Hay campos, como los deportes y la música, donde se ha estudiado ampliamente la experticia. Se ha concluido, por ejemplo, que para mejorar su desempeño un tenista no tiene que entrenar jugando muchos partidos, sino que tiene que practicar repetitiva y deliberadamente ciertos desempeños que son claves, como sacar, contestar un revés, ir a la red, etc. Lo esencial del desarrollo de la experticia parece estar en lo que se conoce como la práctica deliberada.
Si lo llevamos al terreno de la enseñanza ¿cuáles son las tareas representativas y auténticas de este campo?, ¿cuáles son esas prácticas claves que podríamos ensayar deliberadamente?


En la enseñanza, a diferencia de otras profesiones, hay una carencia de un lenguaje profesional compartido que dificulta el que los novatos puedan acceder a un cuerpo de conocimientos preexistente en su campo. Si bien contamos con estándares orientadores para la formación inicial estos son más bien genéricos. Por ejemplo, un estándar pedagógico es "conoce a los estudiantes de Educación Básica y sabe cómo aprenden". Uno de los indicadores para este estándar es: "es responsable del aprendizaje de todos los estudiantes, para ello conoce y diseña estrategias que promuevan el desarrollo de cada uno de ellos" (Estándares Orientadores para Egresados de Carreras de Pedagogía en Educación Básica. MINEDUC, p. 26). Entonces ¿cuáles son las partes constitutivas de esta práctica? ¿Qué tendría que practicar un novato para llegar a ser experto? Ese es un gran desafío, tanto para el desarrollo profesional de profesores y directores como para la formación inicial.


Prácticas claves para la enseñanza


Las prácticas claves para la enseñanza surgen tanto de investigación empírica como de la sabiduría de la práctica. Dentro de los criterios para definirlas se consideran que sean claves para una enseñanza responsable en distintos contextos y que sean lo suficientemente específicas para ser nombradas, identificadas, enseñadas, investigadas y evaluadas. Si queremos acompañar el desarrollo de profesores expertos es indispensable que podamos retroalimentar su desempeño. Por ejemplo, hay abundante evidencia relacionada con la necesidad de que los estudiantes tengan oportunidades para expresar su razonamiento, argumentar, discutir, complementar las respuestas de otros, etc. Sin embargo, en nuestras salas de clases la mayor parte del discurso está en manos del profesor. Entonces una práctica clave que podemos fomentar como formadores y directivos es que los profesores puedan guiar discusiones productivas con toda la clase sobre un contenido. Esto implica preparar la tarea o pregunta sobre la que se basará la discusión, especificar los conceptos que se quiere que los estudiantes utilicen en sus argumentaciones y guiar la discusión para que no se pierda el foco de la misma, entre otras cosas. Estos elementos pueden aprenderse con distintos niveles de autenticidad y complejidad (ver figura). Se pueden discutir casos, videos, transcripciones, ensayar interacciones en que se deba mantener el foco de la conversación, practicar con un grupo pequeño antes de enfrentarse al curso completo. Si bien son estrategias que se están aplicando en la formación inicial de profesores en la Pontificia Universidad Católica de Chile, son totalmente transferibles al terreno del desarrollo profesional. Lo indispensable es desarrollar una visión común acerca de la enseñanza y aprendizaje que facilite el poder manejar un lenguaje profesional compartido. En la medida que identifiquemos estas prácticas claves y definamos una trayectoria para su desarrollo podremos avanzar hacia la formación de profesores expertos, que es lo que una carrera docente debiera promover.

 

"Esta información fue publicada originalmente en el diario La Tercera el día 10 de Mayo de 2015, en el marco del Diplomado en Gestión Directiva de Organizaciones Escolares, VII versión, organizado en conjunto entre la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad de Pensilvania y La Tercera".

Para leer la publicación en el diario La Tercera, pinche el siguiente link: Experticia Pedagógica