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Aprendizaje basado en proyectos

El siguiente artículo, elaborado por Verónica Cabezas, académica de la Facultad de Educación UC, señala que cuando nos referimos a innovación en educación no solo hablamos de impulsar grandes cambios que tengan un impacto desde lo general a lo particular, sino también nos referimos a aquellos que son generados desde el núcleo del sistema educativo: la sala de clases, donde es posible introducir y testear nuevas metodologías de enseñanza que potencien los aprendizajes de los estudiantes, capturen sus intereses y desarrollen distintos tipos de habilidades.

Una metodología que conjuga estos elementos es el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), en el cual los estudiantes desarrollan un proyecto en grupo que les despierta interés y motivación, y que además está alineado con los contenidos curriculares claves de acuerdo al nivel y asignatura en que se enmarquen. Así se desarrolla un proyecto complejo y de cierta envergadura, y a la vez los estudiantes buscan soluciones a problemas reales, plantean preguntas desafiantes, debaten conclusiones y comunican sus ideas a otros, lo cual enriquece significativamente su proce­so de aprendizaje.

Para aplicar esta metodología es importante que el profesor tenga claridad sobre las etapas que debe realizar con sus alumnos de manera sistemática (Larmen & Margendoller, 2010). Primero debe planificar un proyecto que esté focalizado en los contenidos más relevantes del currículum y que a su vez sea significativo para los alumnos. Lue­go de motivar y activar la curiosidad de los estudiantes, deben crear en conjunto una pregunta guía del proyecto que represente un desafío y que despierte el interés. El profesor debe explicar claramente los requisitos y estándares del trabajo, modelando con ejemplos el tipo de resultados y productos que se espera obtener, para que los estudiantes puedan determinar qué van a diseñar, cómo lo harán y cómo lo darán a conocer. Esto hace que los grupos investiguen sobre el tema y se planteen preguntas relevantes, que los hagan reflexionar sobre los contenidos y sobre la forma en que van desarrollando el proyecto, poniendo en juego distintas habilidades a la hora de testear sus ideas y conclusiones. El profesor acompaña y monitorea sus avances, y convoca a otros grupos de pares a dar retroalimentación entre sí, de manera de potenciar también el trabajo colaborativo. Finalmente, los estudiantes presentan sus proyectos al público, responden preguntas, reflexionan sobre la realización del proyecto y sintetizan los principales aprendizajes y habilidades que desarrollaron. Este proceso resulta especialmente significativo, pues los estudiantes tienen la oportunidad de ver sus ideas y logros plasmados en un producto concreto, haciendo que su aprendizaje sea "visible".

¿Por qué implementar esta metodología?

Esta no es la única metodología posible de implementar para in­novar desde el aula, sin embargo, presenta ventajas que la hacen muy atractiva para replicar en múltiples contextos, sobre todo en aquellas escuelas que atienden alumnos con mayor grado de vul­nerabilidad. Entre los principales beneficios que aporta podemos mencionar (ver figura): mayor profundidad y retención de los aprendizajes, y desarrollo de ha­bilidades cognitivas más complejas: un aumento sostenido en la motivación, compromiso y parti­cipación de los estudiantes, pues se recogen sus intereses y se les da la oportunidad de resolver pro­blemas reales y cercanos; pone al estudiante al centro del proceso de aprendizaje, construyéndolo de manera autónoma para que tome decisiones propias, y se di­seña un plan de trabajo acorde a sus necesidades; un mayor desa­rrollo de habilidades socioemocionales como autonomía, trabajo colaborativo entre pares, autoconfianza, autoestima y habilidades de liderazgo; y se fortalece el vinculo de cercanía en­tre profesores y estudiantes, en el que la figura del docente es vista como un facilitador durante el proceso de aprendizaje.

Aprendizajes desde la experiencia

Un ejemplo en que esta metodolo­gía ha sido probada e implementada con éxito es el caso de Enseña Chile, en su programa de Escuela de verano en 2015. Destacan la impor­tancia de definir un propósito cla­ro para el proyecto, que sea compar­tido a los estudiantes y la comuni­dad en general. También determinar qué aprendizajes deben manejar los alumnos para el desarrollo del pro­yecto, qué tipos de productos deben generar, y que ambos aspectos res­pondan tanto a los ejes fundamen­tales del currículum escolar como a los intereses de los estudiantes. Para concluir, es fundamental realizar un monitoreo constante de los pro­gresos de los estudiantes durante todo el proceso, que involucre el seguimiento de habilidades cognitivas y socioemocionales, para lo cual el profesor debe planificar es­pacios de retroalimentación indivi­dual y entre pares. Dar a conocer esta y otras iniciativas innovadoras que impactan en la sala de clases brinda la oportunidad de mejorar las prácticas pedagógicas que producen efectos positivos en el aprendizaje de los estudiantes, lo cual constituye el objetivo central de las organizaciones educativas.