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Programa Avanzado en Dirección y Liderazgo Escolar

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Influencia educativa basada en la comunidad

En el contexto de las actuales reformas educativas y las propuestas públicas para la dirección y el liderazgo educativo surgen algunas voces que alertan sobre la necesidad de reconocer la importancia de las familias y comunidades en el proceso escolar. Esta tendencia denominada por Driscoll y Goldring (2005) como Escuela y desarrollo comunitario nos sugiere que si bien las reformas escolares han aumentado las atribuciones de los directores, paradójicamente tienden a limitar su campo de acción e influencia a los aspectos intraorganizacionales del proceso escolar, ya sea en sus aspectos instruccionales o administrativos. Esto sería insuficiente para lograr resultados educativos integrales y óptimos, por lo que este enfoque comuntario aspira a que sean tomadas en cuentas variables y recursos del entorno, información del contexto, fenómenos de influencia asociado, además de promover la inclusion de las familias y comunidades en alianzas y actividades colaborativas que ayuden a mejorar los resultados académicos, personales y sociales de los estudiantes.

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Ahora bien, tras una exhaustiva investigación bibliográfica, ha sido posible identificar dos líneas relevantes dentro de este enfoque, que a pesar de sus diferencias, muestran aspectos comunes en cuanto al tipo de gestión escolar, relaciones y liderazgo participativo que reportan. La primera promueve alianzas colaborativas para la mejora escolar en un modelo expandido de mejoramiento (Epstein, Sanders, Sheldon, entre otros). Este no necesariamente critica los éstandares y mediciones, pero advierte que las actuales reformas responsabilizan a las escuelas de los logros de estudiantes sin importar su diversidad, desafiando a los responsables a equilibrar las demandas del sistema educativo y las necesidades locales. Por su parte, las demandas de accountability escolar exigen que los directores articulen todos los recursos disponibles, sean intra o extraorganizacionales.

La segunda línea es afín a la critical race theory, relacionada con la experiencia educativa afroamericana en Estados Unidos (Khalifa, Theoharis, Wilson Cooper, entre otros). En este caso, se trata de un abordaje profundamente crítico que indica que si bien las reformas educativos y los estándares se suponen objetivos y universales, en realidad son etnocéntricas, es decir, culturalmente específicos a una clase media blanca, no respondiendo a la experiencia escolar de estudiantes de otra raza o procedencia,  quienes arrojan resultados más bajos. Tampoco evalúan variables tales como seguridad, impacto en la comunidad y éxito en la vida posterior a la escuela.  

Gracias al análisis crítico de 25 artículos con énfasis empírico –es decir que reportan investigaciones realizadas en terreno- se puede concluir que las alianzas escuela-familia-comunidad suelen surgir en entornos con ciertas problemáticas sociales tales como la pobreza y vulnerabilidad, la diversidad racial y étnica de los estudiantes, la inmigración y en general los desafíos que enfrentan estudiantes provenientes de grupos sociales discriminados o marginados. Asimismo, a pesar de que precisamente las alianzas se caracterizan por la participación de una variedad de miembros de las comunidades escolares, las figuras de liderazgo son relevantes, pues en cada una de estas iniciativas destaca una persona o grupo que promueve, motiva, organiza y recluta a los demás. Esta práctica es lo que hemos optado por denominar y entender como un Liderazgo Basado en la Comunidad (LBC).

En algunos casos, este LBC se focaliza a nivel más bien intra-escolar como por ejemplo en una asignatura o meta educativa específica, es decir, recoge y canaliza los recursos del entorno (personas, infraestructura, dinero, etc.) hacia los estudiantes y el aula. En otros, si bien se sigue poniendo grandes esfuerzos en la escuela, más bien se persiguen objetivos escolares más amplios que involucran a todo el establecimiento además de generar un mayor impacto en el entorno, tal como sucede por ejemplo en las escuelas multi-servicio. En estos casos, se habla de dimensiones tales como clima escolar, bienestar y desarrollo integral, entrega de servicios relevantes para la comunidad, entre otros. Finalmente, otra forma de expresión del LBC es que desde la escuela se busca influir también en el entorno. Supone que si por ejemplo un director de escuela se preocupa por participar en la mejora de los espacios vecinales en términos de seguridad, respeto, integración, entre otros, esto repercutirá positivamente en sus estudiantes.

Ahora bien, ¿por qué es esto relevante? La respuesta depende por supuesto de cada experiencia educativa. El LBC es un marco altamente flexible que recoge y se ajusta a las condiciones específicas de cada caso más que a sugerencias transversales. No obstante, de todos modos es posible señalar que por una parte muestra una forma de analizar y entender las políticas educativas de forma crítica y por otra, siendo esto lo central, invita a los actores educativos –directores, profesores, profesionales, estudiantes, familias, vecinos, etc.- a pensarse como agentes capaces de unirse a otras personas, definir una visión en común y trabajar mancomunadamente en pos de las transformaciones más relevantes para niños y jóvenes.

Artículo realizado por Natascha Roth, en base a:

Roth Eichin, N. y Volante Beach, P. (2018). Liderando alianzas entre escuelas, familias y comunidades: una revisión sistemática. Revista Complutense de Educación, 29 (2)